En semanas recientes se publicó el corto de la adaptación cinematográfica de Amanecer en la cosecha (Sunrise on the Reaping, 2025), quinto libro y segunda precuela de la saga de Los juegos del hambre. Más allá de que la película parece prometer y de que su reparto de intérpretes consagrados suena excepcional —Glenn Close y Ralph Fiennes, para comenzar—, es necesario examinar la vigencia de las premisas que animan todos estos libros. Primero, una brevísima sinopsis.
A lo largo de los primeros tres volúmenes —los últimos en la historia, pero los primeros en ser publicados—, conocemos que los juegos del hambre fueron impuestos por el gobierno central de Panem, el Capitolio, a doce de trece distritos que se rebelaron frente a su opresión; sólo a doce, pues el decimotercero fue arrasado en la guerra… aunque con el tiempo conocemos que sobrevive bajo tierra gracias a su disciplina militar. Cada año, el Capitolio “cosecha” —elige al azar— a un niño y una niña —un tributo— de cada distrito para que se enfrenten a muerte en una arena creada exprofeso para la lucha. Quien resulte victorioso o victoriosa volverá a su distrito con una casa nueva y más comida para toda su región, aunque con seguridad no será feliz para siempre —a menos que se haya entrenado profesionalmente para los juegos, como los jóvenes de los distritos 1 y 2—, pues para conseguir el triunfo habrá tenido que matar a más de uno. La nueva rebelión tarda 75 años en fraguarse, y Katniss Everdeen será su símbolo. Estos tres volúmenes —Los juegos del hambre (The Hunger Games, 2008), En llamas (Catching Fire, 2009) y Sinsajo (Mockingjay, 2010)— son narrados por ella desde la edad adulta.
El primer volumen de la precuela, La balada de pájaros cantores y serpientes (The Ballad of Songbirds and Snakes, 2020), es la historia del fin de la infancia de quien más adelante será el dictador de Panem, Coriolanus Snow, su participación en el avance y consolidación de los juegos —especialmente en el visionado obligatorio y la introducción de apuestas—, su incipiente y trunca historia de amor, su aprendizaje del poder y sus primeros asesinatos. Es el único de los cinco volúmenes que está narrado en tercera persona, aunque tenemos un cierto acceso a la conciencia de Snow. El segundo volumen, Amanecer en la cosecha, es narrado por Haymitch Abernathy, quien 24 años después será el mentor alcohólico de Katniss y Peeta Mellark, triunfadores de los juegos 74, rebeldes y enamorados. En este volumen conocemos su historia —la de su amor y la de su cautiverio en la arena— y la causa de su decadencia.
Como es notorio por este resumen, dos temas dominan estas novelas: el amor —de pareja, juvenil, pero también amistoso, fraterno, solidario— y la violencia —ejercida por el Estado y los individuos y manifestada de forma evidente y eficaz tanto en los juegos del hambre como en la guerra, y resultante, la mayoría de las veces, en la muerte—. Vistas así, recogen inquietudes humanas primigenias y las revitalizan recubriéndolas con un manto de novedad tecnológica en la forma de relato distópico de ciencia ficción. Además, al incorporar el Estado totalitario y el dictador, cuestionamientos sobre la pertinencia de la guerra tanto como de la rebelión, énfasis en la toma de decisiones y el libre albedrío, conducen la discusión al terreno no sólo literario sino también político y ético; es decir, hacen lo que hace la literatura: explorar asuntos humanos y tratar de explicar el mundo. Por otro lado, al comunicarse directamente con una audiencia juvenil, asumen que dicha audiencia es capaz de entender asuntos problemáticos y adoptar una posición frente a ellos.
Por otra parte, el énfasis que se hace en la saga original en la comunicación e incluso adoctrinamiento de masas mediante el espectáculo de la violencia permanece en las precuelas y obliga al público lector —y al espectador, en el caso de las películas— a reflexionar sobre su propio papel en la lectura o el visionado de productos culturales que muestran de forma aparentemente irrestricta contenidos violentos; a preguntarse, por lo menos, por su banalización. En el mismo sentido, Amanecer… enfatiza la forma en que el Estado totalitario convierte a ciertas personas en prescindibles, pues en el Segundo Vasallaje de los 25 —es decir, en los juegos del hambre número 50— se duplica el número de tributos: no serán 24, sino 48 niñas y niños quienes pelearán hasta la muerte. Además, al mostrar cómo la tortura que ejerce el tirano Snow en contra de Haymitch de manera individual, exhibe también las formas más crueles de dominio del otro utilizadas por el poder ilimitado.
Por último, los personajes de la saga son entrañables. Aunque este adjetivo puede parecer vacío de tanto usarlo, en el caso de esta serie de novelas, se llena de nuevo de significado. Abren la galería Katniss y Peeta, ambos representantes, respectivamente, de una feminidad y una masculinidad no normativas, que proponen nuevos modelos de ser como individuos y en pareja. De la trilogía original, destacan, entre otros, Finnick Odair, Mags Flannagan (también presente en Amanecer…), Cinna, Joanna Mason; todos ellos son personajes complejos, que contribuyen a destacar rasgos de los protagonistas pero que a la vez son valiosos por la forma en que alimentan la trama y aportan ángulos diversos de exploración de lo humano en situación límite. Y, por supuesto, Maysilee Donner y Haymitch Abernathy; ella, inesperada aliada y amiga de Haymitch en la arena; él, protagonista y narrador de la última novela, destrozado por el Capitolio. Lo que torna entrañables a estos personajes es, sobre todo, el abandono de su propia vida en favor del bien común, de la esperanza. Esta complejidad —marcada por su rechazo a la violencia, pese a verse obligados a ejercerla; por su lucha por preservar la salud mental, y por sus historias de amor y muerte— abre múltiples vías de interpretación de las novelas y fortalece una lectura afectiva que profundiza su dimensión ética y política.