Aunque varias reseñas opinan que Supergirl (Craig Gillespie, 2026) es una buena película, pareciera que en un mercado saturado de historias de superhéroes ser simplemente “buena” dejó de ser suficiente. La cinta tuvo pérdidas importantes en taquilla; sin embargo, no fue recibida como un desastre. Una de las observaciones más frecuentes que se ha hecho es que la cinta da la sensación de haber perdido escenas importantes durante la edición (Kit, 2026), pero más que eso, a mí me parece que esa sensación no tiene que ver únicamente con el montaje, sino también con que la película está reorganizando las expectativas de un género acostumbrado a contar otro tipo de historias.
En este segundo largometraje del nuevo universo DC, durante el viaje que emprenden Kara Zor-El y Ruthye Marye Knoll, una niña que busca vengar el asesinato de su padre, ésta le pregunta por qué su primo se llama Superman mientras ella sigue siendo “Supergirl”. Kara evita responder y continúa la conversación como si nada. Aunque la escena dura apenas unos segundos, plantea una pregunta relevante: ¿qué hace falta para que un personaje deje de existir principalmente en relación con otro? Después de casi setenta años de publicaciones, Kara sigue siendo uno de los rostros más consolidados de DC y, al mismo tiempo, rara vez deja de aparecer como “la prima de Superman”. Para mí, esa tensión atraviesa toda la película y aparece formulada de manera inesperada.
La comparación con Superman (James Gunn, 2025) ayuda a entender por qué. En esa película, Clark Kent enfrenta un problema esencialmente público —sus decisiones afectan gobiernos, instituciones y la manera en que el mundo entiende el poder— y una crisis de identidad al descubrir su “verdadera” misión en la Tierra: todo gira alrededor de una cuestión ética. Kara, en cambio, arranca su historia desde un lugar distinto: ya sabe quién es, qué perdió, y sabe distinguir entre el bien y el mal. Lo que Supergirl intenta explorar es qué ocurre después de la catástrofe: Clark debe descubrir qué clase de héroe quiere ser; Kara lleva demasiado tiempo intentando averiguar cómo seguir viviendo después de haber sobrevivido a Krypton. Clark busca un principio desde el cual actuar; Kara intenta que el dolor no termine definiendo su vida.
En este sentido, Krypto, figura importante en ambas cintas, ilustra una de las diferencias más interesantes entre las dos. En Superman, funciona como símbolo de la ética de Clark, quien lo va a buscar porque sabe que está solo y asustado. En Supergirl, Krypto ya no revela la brújula moral de la protagonista porque esa brújula nunca estuvo realmente en duda. Lo que hace es recordarle que todavía existen vínculos capaces de sostenerla. De hecho, Ruthye cumple una función parecida, aunque desde el otro extremo. El viaje que emprenden ambas no trata realmente sobre Krem, el villano, sino sobre ellas dos. Ruthye está convencida de que ejecutar al responsable de la muerte de su padre devolverá algún tipo de equilibrio a su vida. Kara entiende demasiado bien esa idea como para responder con discursos sobre el perdón. No ocupa el lugar del mentor que posee todas las respuestas; más bien, reconoce en la niña una versión más joven de sí misma, alguien que todavía está a tiempo de no convertir el dolor en la única forma posible de mirar el mundo.
Eso explica también por qué el villano termina resultando menos memorable. Una parte de la crítica lamentó que Krem fuera un antagonista demasiado plano, incapaz de poner en crisis a la protagonista. Sin embargo, Supergirl no necesita ese tipo de confrontación: Kara no está tratando de descubrir cuáles son sus convicciones. El conflicto importante no consiste en derrotar a Krem, sino en impedir que la violencia termine definiendo el futuro de Ruthye del mismo modo en que ha condicionado el de Kara. En gran medida, los espectadores de las películas de superhéroes reconocen inmediatamente los mecanismos usuales del género y esperan que cada una haga algo más que repetirlos. Quizá por eso la película resulta más interesante cuando deja de intentar responder a esas expectativas y se concentra en aquello que la distingue. La persecución de Krem termina importando menos que la relación entre Kara y Ruthye. Las escenas de acción dejan una impresión menos duradera que esos momentos donde Krypto permanece cerca de Kara incluso cuando ella parece incapaz de estar cerca de sí misma.
Eso no significa que todas las decisiones formales funcionen: el guion intenta ser, a la vez, una adaptación de Supergirl: Woman of Tomorrow (DC Comics, 2021), un western espacial y una historia sobre el duelo, sin que esas direcciones terminen de converger del todo. Aun así, esos tropiezos son en buena medida el resultado de una búsqueda genuina por desplazar el centro del género hacia otro lugar. Eso vuelve particularmente interesante la relación entre las dos primeras películas del nuevo DC. No parecen competir entre sí: más bien funcionan como un díptico. Superman responde a la crisis del héroe contemporáneo recuperando una pregunta ética. La compasión, la bondad y la confianza vuelven a ocupar el centro del relato sin convertirse en algo nostálgico. Supergirl parte de esa renovación, pero dirige la mirada hacia otro lugar. Ya no pregunta cómo debe actuar una heroína frente al mundo, sino cómo sigue viviendo cuando el mundo ya dejó sobre ella una herida que no puede borrarse.
Cuando comenté Superman hace un año, me interesaba pensar cómo James Gunn había conseguido actualizar un mito sin vaciarlo de sentido. Después de ver Supergirl la impresión fue distinta. La película parece menos preocupada por actualizar un mito que por preguntarse cómo nace uno. La escena entre Ruthye y Kara vuelve entonces a cobrar fuerza. Al principio parece una pregunta ingenua sobre un nombre; al terminar, ya habla de otra cosa. Habla del tiempo que necesita un personaje para dejar de existir únicamente a la sombra de otro.
Es demasiado pronto para saber si Kara llegará a ocupar un lugar comparable al de Superman en la cultura popular. Lo que Supergirl consigue es hacer visible el problema. En un momento en que el cine de superhéroes parece buscar nuevas maneras de contarse a sí mismo y lucha por no quedarse estancado, quizá la tarea más difícil ya no consista en salvar el mundo una vez más. Consiste en construir personajes que puedan significar algo para una generación que ya creció rodeada de héroes. Después de todo, los mitos nunca aparecen de golpe. Se forman lentamente, a través de historias que encuentran nuevas maneras de hablar del presente. Supergirl todavía está recorriendo ese camino.
Referencias
Kit, Borys. (2026, 3 de julio). “Behind the ‘Supergirl’ Bomb: Competing Cuts, Creative Differences (Exclusive)”. The Hollywood Reporter. https://www.hollywoodreporter.com/movies/movie-features/supergirl-making-box-office-bomb-1236636425/