Talamasca: la orden secreta (Anne Rice’s Talamasca: The Secret Order, 2025) es la tercera y más reciente entrega del Universo Inmortal (Immortal Universe), un conjunto de series televisivas de universo compartido que se inspira en las novelas de la escritora estadounidense Anne Rice. Antecedida por Entrevista con el vampiro (2022-2026) y Las brujas de Mayfair (2023-2025) —series basadas respectivamente en la novela (1976) y la trilogía (1990-1994) homónimas de Rice—, Talamasca no es la adaptación específica de alguna obra, sino una historia construida a partir de las referencias a una sociedad secreta que, por su calidad de “secreta”, apenas asoma a la superficie en distintos momentos de varias novelas de Rice, como una presencia oblicua, aunque su impacto en el desarrollo de éstas pueda ser crucial.
Con frecuencia las sociedades secretas han sido representadas en las literaturas populares —desde la Hermandad (sociedad secreta italiana) que aparece en La dama de blanco (1859), de Wilkie Collins, pasando por Spectre, de las novelas y películas de James Bond, hasta los Illuminati en Ángeles y demonios (2000), de Dan Brown— como organizaciones que detentan una forma de vigilancia cuyo discurso oficial suele ser beligerante y cuyos fines se caracterizan por ser ambiguos en términos éticos, además de estar siempre vinculadas al ejercicio de un poder implacable. Así, Talamasca narra la historia de Guy Anatole (Nicholas Denton), un joven abogado que busca iniciar su vida profesional (nótese el guiño a Jonathan Harker, de la novela Drácula) y cuya personalidad como excéntrico o desadaptado está permeada por una historia familiar disfuncional y por su extraña capacidad para escuchar los pensamientos de otros, que el personaje no controla y que, de hecho, le produce un malestar físico extremo. La historia inicia cuando, después de ser aceptado en una prestigiosa firma de abogados, Guy recibe la invitación a trabajar como espía para Talamasca, una organización que, según le informa Helen (Elizabeth McGovern), la responsable de la Casa matriz de Nueva York, se dedica a vigilar el balance entre el mundo sobrenatural y el natural. A pesar de su escepticismo, Guy acepta la oferta y se embarca en una misión que no sólo es arriesgada porque lidiará con fuerzas que desconoce, sino porque, de forma paralela, tiene la esperanza de que eso le ayude a entender su don o talento especial.
La serie representa no sólo la primera ocasión en que los productores y escritores del Universo Inmortal ponen en práctica una mayor libertad creativa con respecto a la obra de Rice, sino un interesante híbrido entre el subgénero de terror y la estética de las novelas de espías, en particular las de John le Carré, el famoso autor de El espía que surgió del frío (1963). Esta mezcla permite la coexistencia de elementos de corte realista, como las escenas de interrogatorios, lo mismo que la presencia de personajes y situaciones sobrenaturales, lo cual desestabiliza y enriquece convenciones tanto literarias como cinematográficas. A lo largo de los seis episodios, descubrimos que, por ejemplo, ninguno de los personajes con quienes Guy interactúa son lo que parecen ser, y
el engaño o la simulación funcionan para potenciar la historia tanto en el ámbito del espionaje como en el del terror. Es en este contexto de verdades a medias donde se pone en marcha la misión de Guy: el encargo de informar sobre Jasper, el enigmático personaje que ha infiltrado la Casa matriz de Londres, y que resulta ser la encarnación de lo vampírico más seductora y amenazante de la serie, interpretada, con maestría actoral, por William Fichtner. En este mundo de espionaje y terror, la lealtad y, su reverso, la traición resultan un asunto de vida o muerte, o de mortalidad e inmortalidad, esta última muchas veces no deseada. ¿Es Talamasca una organización con fines nobles? Plantearse esta pregunta implica poner el cuerpo en un campo de batalla urbano donde los errores son irreversibles y donde las traiciones son personales e institucionales.
A pesar de la muy lograda presencia de al menos tres vampiros con caracterizaciones complejas, esta serie está más anclada en la dimensión humana de los personajes principales y en las experiencias traumáticas vinculadas con la infancia. Guy, Helen y Jasper tienen en común el haber sido separados de su familia de origen a una edad temprana, expuestos a la pérdida, a la explotación de sus talentos y la propaganda ideológica de Talamasca, que los convenció de que sus sacrificios tenían un propósito superior. La serie no sólo explora la vulnerabilidad de los infantes, sino las consecuencias de que hayan sido perturbados por una organización cuyo lema es “We watch. And we are always there” [“Vigilamos. Y siempre estamos presentes”]. La historia de Helen y la separación de Doris, su hermana gemela —motivo recurrente en la literatura de terror, donde la conexión y duplicación de las identidades es siempre un enigma y puede adquirir tonos destructivos— es una de las intrigas mejor sostenidas a lo largo de la temporada, aunque queda pendiente de desarrollo para una segunda entrega. El único momento en que ambas hermanas se encuentran se caracteriza por la ausencia de diálogo: la comunicación entre Doris, Helen y Guy ocurre a través de gestos, pensamientos adivinados y apenas un movimiento de labios con el que Helen les insinúa un “Go!” [“¡Márchense!”]. En una serie caracterizada por la elocuencia y por los parlamentos largos, la supresión del lenguaje verbal en esta escena crucial es uno de los logros más destacados de la filmación.
Como parte de la intriga, varios personajes están dedicados a la búsqueda de un libro: un volumen que contiene la información más relevante sobre la historia de la orden secreta. Si bien esta búsqueda impulsa un conjunto importante de acciones en la serie, en mi opinión, la serie misma es una especie de mapa o volumen de consulta al que los espectadores volverán, ya que, conforme el Universo Inmortal se vuelva más complejo y ramificado, será aquí donde encontrarán la clave de la identidad (o puesta en crisis de dicha noción) de muchos de los personajes centrales del mundo ficcional de Anne Rice. Es en esta serie-libro-vasija llamada Talamasca (palabra cuyas raíces latinas se traducen como ‘máscara animal’) donde confluyen la puesta en práctica de la vigilancia, la noción de archivo y el cuestionamiento de la ética de la intervención en la existencia de los otros. Es aquí donde lo vivo desborda las categorías tradicionales y desdibuja fronteras. Y es aquí, también, donde el terror reafirma su capacidad para denunciar los autoritarismos y sus más inesperadas encarnaciones.