En los últimos años la animación se ha mostrado como uno de los medios narrativos más versátiles. Su capacidad para moldear mundos fantásticos, personajes extravagantes y situaciones imposibles no es sólo un ejercicio de imaginación, sino un vehículo privilegiado para examinar las complejidades de la condición humana y los mecanismos sociales. La propuesta de Zootopia 2 hace uso de temas espinosos (como la manipulación histórica, la propaganda y el desplazamiento forzado) para contar una fábula moderna accesible y reflexiva para un público diverso. De este modo, el medio animado posee cierta utilidad para transmitir mensajes cruciales de manera digerible y funge como un puente entre la crítica social compleja y la reflexión colectiva.
La película empieza acoplándose más al género policiaco de lo que hizo su antecesora. Esta vez los protagonistas vuelven a involucrarse en una conspiración a gran escala en la que Judy descubre que la raza de los linces habría creado toda una historia alrededor de las serpientes para poner al público en su contra y así facilitar la toma de su hábitat para extender su territorio. Junto con su fiel compañero Nick, la coneja busca sacar la verdad a la luz y ayudar a las serpientes a regresar a su hogar.
El mensaje de la película se transmite mediante un proceso de distanciamiento alegórico que desactiva defensas ideológicas inmediatas. Al presentar conflictos sociales a través de animales antropomórficos, la historia trasciende las referencias directas a grupos humanos específicos. Este recurso universaliza el mensaje. Un espectador, independientemente de su edad o nacionalidad, puede observar la dinámica de poder sin las barreras preexistentes de prejuicios históricos o identidades políticas cargadas de tal manera que el conflicto se presenta como un enfrentamiento entre “buenos” y “malos” que, aunque simplista, presenta de manera clara quiénes son los que están haciendo lo correcto. En consecuencia, la fábula animal permite que el concepto abstracto de “manufactura del consenso”, la idea de que los grupos dominantes pueden crear narrativas falsas para justificar su expansión, sea comprendido intuitivamente como algo negativo. La lucha de Judy y Nick por develar la verdad no es percibida inicialmente como una lección sobre colonialismo o manipulación mediática, sino como una aventura detectivesca. Sin embargo, la semilla de la reflexión queda plantada: el público comprende, en un nivel fundamental, que construir un enemigo ficticio para apropiarse de sus recursos es un acto malvado.
La estética colorida y agradable a la vista propia del estudio hace que el mensaje sea aún más digerible. Zootopia, como ciudad, es un personaje en sí mismo: un ecosistema visualmente deslumbrante que celebra la diversidad y la coexistencia en una secuela que, a diferencia de la primera entrega, explora más hábitats y animales. La violencia de la conspiración (la difamación y el despojo) contrasta con la belleza y el orden aparente del mundo creado. Este contraste es pedagógico. Muestra que la opresión y la injusticia no siempre surgen en entornos sombríos y distópicos, sino que pueden corroer desde dentro sociedades que se presentan como prósperas y armoniosas. Asimismo, la paleta de colores, el diseño de personajes y el ritmo de la narración modulan la carga emocional del mensaje, permitiendo que el espectador procese realidades duras, como la persecución sistemática, sin ser abrumado por un realismo gráfico que podría generar rechazo. A su vez, la animación dosifica la empatía, guiando al público a preocuparse por la suerte de las serpientes, no desde un lugar de culpa o confrontación, sino desde la solidaridad narrativa con el personaje de Gary De’Snake, cuyo diseño amigable y personalidad dulce lo convierten en una figura con la que es fácil empatizar.
El giro hacia un tono policiaco más marcado en esta secuela no es un mero recurso genérico, sino una estrategia narrativa clave. El cine policiaco gira en torno a la búsqueda de una verdad oculta, a descifrar pistas y a desafiar las versiones oficiales. Al hacer que los protagonistas (y, por extensión, el público) sigan el rastro de esa fabricación, la película nos enseña acerca de la importancia de cuestionar los relatos hegemónicos. Es una lección de alfabetización mediática e histórica disfrazada de una aventura colorida. Que sea una animación también hace que la historia sea accesible para todo público. La película se convierte en un catalizador de conversación intergeneracional, donde padres e hijos pueden, al salir del cine, dialogar sobre la historia, la verdad y la justicia, partiendo de un referente común y accesible.
En conclusión, la propuesta de Zootopia 2 explora las capacidades pedagógicas que tiene la animación. Al reflejar los problemas como la distorsión histórica y la colonización a través del prisma de una fábula animal dinámica y visualmente rica, la película logra que mensajes complejos y potencialmente incómodos sean no sólo digeribles, sino profundamente atractivos. Así pues, la película se presenta como una obra audiovisual que intenta crear un público más crítico, empático y consciente de los hilos que mueven, tanto en Zootopia como en el mundo real, la verdad y el poder.
Zyanya Beatriz Meneses Vásquez