Leviticus (Leviticus: ritual de sangre en México, 2026) es una película de terror queer y coming of age —subgénero que relata la transición hacia la edad adulta— dirigida por Adrian Chiarella. Este filme construye una crítica hacia el rechazo social, particularmente el que llevan a cabo las comunidades religiosas católicas, hacia las disidencias sexuales. La película muestra la intolerancia religiosa y visibiliza el maltrato y el odio ejercido contra los miembros de una comunidad que tienen preferencias sexuales diferentes a las de la heteronorma, específicamente homosexuales. Aunque la historia se centra en un par de adolescentes en un pequeño pueblo australiano que vive bajo las normas estrictas de la idiosincrasia católica, el texto fílmico apunta a una visibilización de este problema a nivel global.
El título de la película es relevante, pues el Levítico, uno de los libros del Antiguo Testamento, dicta una serie de normas que deben seguirse sin cuestionar, impuestas por un sistema de creencias donde todo debe estar uniformado según la ideología imperante. No obedecerlas es cuestionar la voluntad divina y vivir en el pecado. En este libro hay dos pasajes en que se prohíbe la homosexualidad; de éstos se vale la ideología católica para rechazar y prohibir, por siglos, la unión sexoafectiva entre personas del mismo sexo.
La premisa de la película se asocia a las terapias de conversión o reorientación sexual, pues esta sociedad recurre a un ritual católico en que un sanador (healer) pretende “curar” a los protagonistas adolescentes, Naim y Ryan, de su homosexualidad. El ritual no es sino una maldición sobrenatural, que consiste en que una entidad persiga a quienes la sufren hasta que los mata, tomando la forma de la persona de su mismo sexo de la que se han enamorado.
Una vuelta de tuerca importante que lleva a cabo Leviticus, con respecto al género de terror en que usualmente existe una solución a la maldición, es que no hay manera de eliminarla: la única forma de no ser acosado, maltratado y, finalmente, asesinado es volviéndose heterosexual y vivir bajo una fachada, en que los personajes tendrían que eliminar su preferencia sexual por personas del mismo sexo. Para plantear esto la película muestra, muy brevemente, una pesquisa detectivesca en que los personajes investigan y viajan a otra localidad para conocer la verdad y encontrar una solución a lo que les ocurre, aunque inútilmente.
Un elemento importante de resaltar es que los padres de los personajes protagónicos son quienes piden que se realice el ritual; es decir, están de acuerdo en que la homosexualidad de sus hijos debe “curarse”, incluso si ello les cuesta la vida. Así, las familias, y la sociedad en general, están dispuestas a renunciar a los miembros que no piensan como ellos, pues para su idiosincrasia están enfermos, han torcido su camino y viven en pecado.
La lectura de esta maldición apunta a una alegoría del rechazo familiar y social hacia la homosexualidad, el estigma que se carga con ello, el pesar que hay que arrastrar. Así, el odio social hacia las disidencias sexuales se advierte como un mal imbatible. Lo que queda es aprender a vivir con ello. La clave, en la película, es mantenerse unidos, nunca estar solos, pues es únicamente en esos casos que la entidad ataca, por lo cual la amenaza siempre está allí acechando constantemente. Ese monstruo toma la forma de la persona que más amas si es de tu mismo sexo; si te quedas solo, irá por ti para lastimarte, torturarte y finalmente acabar contigo.
A partir de ese mandato divino convertido en norma social, el filme muestra a los personajes protagónicos experimentar el despertar sexual y las responsabilidades de la vida adulta dentro de esta comunidad católica fanática. Las secuencias los muestran luchando por comprender sus sentimientos y sus deseos sexuales al inicio y luego huyendo de la entidad que los acecha al engañarlos, pues se muestra como un doppelgänger, un doble de ellos mismos, que quiere asesinarlos. También resulta simbólico que la entidad pueda ser “controlada” por el fuego, pues al exponerla a este elemento, retrocede y pierde poder, pero no puede ser vencida por completo. El fuego adquiere entonces el valor de la pasión amorosa, pero también el de la destrucción. No hay manera de vencer la maldición, sólo nunca estar solos y aprender a vivir bajo la amenaza constante, como han tenido que hacerlo las disidencias sexuales por años, pues el odio hacia lo queer no acaba nunca.
Finalmente, es relevante mencionar que Leviticus pone en el centro las circunstancias adversas que enfrentan las disidencias sexuales. No se trata de un tema adyacente o una forma de denuncia velada en la película, sino que directamente es el problema que se visibiliza a través del terror, para lo cual se toman la estética y la estructura del género. De esta manera, hay un posicionamiento y una crítica social y política que mueven a la reflexión sobre el tema principal de una forma cruenta, pero efectiva, en que se entiende que este rechazo puede significar no sólo la segregación y la incomprensión, sino la muerte.