La recién estrenada Backrooms (Backrooms: sin salida, en México, 2026), que está rompiendo récords de taquilla como una de las películas de terror independientes más vistas de los últimos años, es un proyecto de Kane Parsons que comenzó como una serie de videos cortos en YouTube que acumularon millones de vistas y llamaron la atención de la productora A24. La película cuenta la historia de dos personas incapaces de cambiar las conductas adquiridas en la infancia, que se ven obligadas a enfrentarse a una extraña dimensión en la que todo parece una versión deforme del mundo real. Este enfoque en la nostalgia y la alteración de lo conocido hace que Backrooms gire en torno a la esencia del horror analógico como género. El horror analógico destaca por ser un género nacido enteramente en Internet como resultado de la acción colectiva de cientos de usuarios, sin la intervención de ningún gran estudio: sólo se requieren personas con acceso a un editor de vídeo y algo de tiempo libre.
El género empezó a ganar popularidad durante la pandemia, lo que desde luego no es una coincidencia. Se basa en el sentimiento de nostalgia hacia épocas pasadas que los creadores ni siquiera llegaron a conocer. A este tipo de emoción se le conoce como “nostalgia falsa”, es decir, la añoranza por una época que nunca se vivió. Críticos como Rowan Long consideran que este fenómeno es resultado del “escapismo” que muchos jóvenes experimentan al tener que madurar en tiempos de incertidumbre, como fue la época de la Covid-19. De hecho, la nostalgia es uno de los temas centrales de Backrooms, ya que gran parte del conflicto surge de la necesidad de aferrarse al pasado como forma de encontrar consuelo ante los problemas personales. En la película, este apego se convierte en una suerte de “defecto fatal” que llevará a los personajes a un final trágico si no lo superan. Por lo tanto, la película hace lo mismo que la mayoría de las obras de este género: cuestionar la noción la nostalgia como un “lugar seguro”.
Así pues, el horror analógico busca reproducir algo familiar de una manera que genere el efecto “valle inquietante” (uncanny valley), como si se tratara de un recuerdo distorsionado. El formato VHS es particularmente adecuado para este propósito. En él pueden aparecer imágenes conocidas, al tiempo que la baja resolución y las voces estáticas deforman lo que, de otra forma, sería una reproducción idéntica. Al mismo tiempo, el formato también se ajusta a la tendencia actual de los medios de comunicación de generar una “nostalgia falsa” hacia los años ochenta y noventa. Así, el género recupera el deseo de encontrar confort en el pasado para crear una sensación de inquietud al transformar lo familiar en algo peligroso o perturbador. Además, el formato VHS suele hacer que la puesta en escena se articule desde la perspectiva del protagonista, lo que facilita la inmersión en el horror. Backrooms se esfuerza por crear este ambiente de familiaridad y extrañeza utilizando espacios con pocos muebles que resultan fácilmente reconocibles —salas de estar, hospitales, centros comerciales, etcétera—, pero con ciertos detalles que los hacen parecer poco naturales. La escenografía está repleta de puertas diminutas en los techos, sillas que parecen fundirse con el suelo, imitaciones de seres humanos defectuosas y habitaciones amplias y vacías en las que es difícil esconderse de las criaturas asesinas que acechan en cada rincón. Toda la atmósfera de la cinta hace uso de las características que hacen que el horror analógico sea, en efecto, horror, donde lo conocido ya no lo es tanto.
La cinta combina este aspecto esencial del género, la destrucción de lo familiar, como motivo central de su discurso. La película relaciona los backrooms con la tendencia que tienen las personas a aferrarse a sus recuerdos cuando se niegan a afrontar el cambio. Las criaturas que habitan estos espacios son destructivas y violentas, como también puede serlo el estancamiento en la vida de una persona. Quienes son capaces de superar los backrooms son quienes tienen el valor de dejar atrás la comodidad del pasado. El objetivo final de la cinta es criticar la nostalgia como un elemento que la gente usa de excusa para evadir el presente.
Algo que la cinta rescata de sus precedentes en YouTube y que tiene una repercusión negativa entre el público general es que deja cabos sueltos. Como un género que nació en línea, está inherentemente vinculado a la intermedialidad. Es común que estas obras se publiquen de manera esporádica en línea y que cada episodio genere más dudas para que el público reaccione, cree teorías y genere conversación, actividades que alimentan el algoritmo, pues ésta es la manera en que los fandoms funcionan hoy en día. La popularidad del género se debe en parte a que se adapta a estas mecánicas con naturalidad. Este aspecto también está presente en la película, lo que puede resultar insatisfactorio para quienes están acostumbrados a que se resuelvan todas las dudas al final de una función de cine.
Backrooms ejemplifica el funcionamiento del horror analógico como género: la deformación de lo familiar para crear elementos inquietantes. Para ello, la película rescata el motivo de la nostalgia como refugio, convirtiéndolo en uno de sus temas centrales. Al mismo tiempo, transforma la nostalgia en algo monstruoso. La transformación de lo familiar de algo acogedor a una fuente de incomodidad es lo que define al horror analógico. Para bien o para mal, la cinta rescata los aspectos más esenciales de este género nacido en el entorno digital.
Bibliografía
Dolliver, Elinor. (2026). “The Surprising Folklore of Analog Horror”. Film Quarterly, 79(3), 2026, 8-18. https://doi.org/10.1525/fq.2026.79.3.8
Long, Rowan. (2023). “Analysis of Analog Horror and its Relationship to Horror of the Past”. Sosland Journal, 19-36. https://info.umkc.edu/sosland_journal/wp-content/uploads/2023/08/Long_AnalysisOfAnalogHorror.pdf