La fantasía y la creatividad se llevan al ámbito interpersonal en la cinta Soy Frankelda (2025). Aunque al principio la protagonista, Francisca Imelda, utiliza la escritura fantástica como una forma de escapismo, una aventura en la dimensión de los sustos, donde habitan las pesadillas que atormentan a los humanos, la obliga a enfrentarse a sus miedos e inseguridades. Así, descubre que su imaginación también puede servirle para transformar su realidad y a sí misma.
La capacidad transformativa de los géneros fantásticos ya ha sido explorada por autores como Geoff M. Boucher. Él parte de la idea de que la fantasía es el género de lo “imposible subjetivo”, es decir, de la “expresión simbólica de deseos, creencias, sentimientos o necesidades que actualmente son ‘impensables’, ‘ilegítimos’, ‘desviados’ o ‘prohibidos’; en suma, imposibles”. La fantasía es entonces una conjetura de lo que podría ser la vida si un sentimiento, deseo o creencia considerado imposible fuera permitido. Para él, el género no es sólo “un simple cumplimiento de deseos”, sino una fuente de nuevas maneras de percibir y actuar ante estas emociones o deseos “imposibles”, un conocimiento que a su vez permite que el lector acceda a otras formas de entenderse a sí mismo y al mundo. Boucher llama a esta innovación “novum afectivo”. Así pues, la teoría de Boucher ayuda a analizar cómo, a través del desarrollo del personaje de Frankelda y su relación con el mundo que la rodea, la película subvierte la idea del género fantástico como una forma de escapismo al mostrar como éste ayuda a la protagonista a conciliarse consigo misma y con su realidad.
En un principio, Francisca, después renombrada Frankelda, utiliza la fantasía y el horror como una forma de “realizar deseos”, de cubrir sus carencias y huir de la realidad. Esto se sabe porque en un momento de la película a la protagonista se le pregunta cuál es su mayor motivación para escribir, a lo que ella responde que lo hace para escapar de su realidad. Esta realidad que menciona es negativa para ella debido a sus circunstancias como mujer y escritora de fantasía. Su familia y conocidos reprueban sus aspiraciones intelectuales por no considerarlas “apropiadas” para su género, mientras que las editoriales no desean publicarla por considerar que la fantasía y el horror son géneros poco respetables. Asimismo, como se menciona en algunas de las canciones, se siente sola y poco comprendida por la gente que la rodea, por lo que tampoco tiene con quién compartir su frustración y tristeza. Por lo tanto, Frankelda escribe para escapar de sus deseos frustrados y emociones sin expresar, al mismo tiempo que escribe más cuando la invaden estos sentires, como cuando su abuela la castiga por su comportamiento “inapropiado”. La insistencia de la protagonista en sumergirse en sus fantasías le impide reflexionar sobre el origen de su ficción y lo que ésta dice de ella.
Frankelda se teme a sí misma, pues, como le dice a Henerval cuando se reencuentran, según ella lo que más temen los humanos es a sí mismos. Por lo tanto, esta falta de introspección es el resultado del miedo a confirmar lo que otros siempre han dicho de ella. Frankelda es consciente de que su creatividad nace de sus miedos y de sus emociones, pero evita profundizar en ellos porque teme que se confirmen. Esta falta de autocomprensión hace que sea muy sensible a la crítica de su trabajo, ya que, al no confiar en sí misma, tampoco puede confiar en las obras que la reflejan.
Sólo en el clímax de la película, cuando el mundo de las pesadillas está a punto de fusionarse con el mundo real, Frankelda comienza a entender la influencia que la realidad tiene en su imaginación, pues, si ésta no la limitara, no habría un “imposible” para imaginar en primer lugar. Esto también la lleva a profundizar en los miedos que siempre la han impulsado a escribir y, al hacerlo, descubre nuevas formas de afrontar esas emociones en su imaginación. El novum afectivo se manifiesta en la manera en que se retrata a sí misma en su momento más vulnerable, cuando era niña, pero esta vez con el poder de enfrentarse a quienes le hacen daño. Así es como logra derrotar al villano, cuyo mayor poder siempre fueron las palabras que utilizaba para apelar a las inseguridades de Frankelda. A través de la ficción, la protagonista descubre que puede lidiar con las circunstancias que la limitan si confía en su talento y en el poder de su imaginación. Un acercamiento reflexivo a su “imposible subjetivo” le permite encontrar una manera de sentirse a gusto en su propia piel y, con ello, también la fuerza para aceptar y enfrentarse a las dificultades de su realidad.
Así pues, la película subvierte la idea del género fantástico como una forma de escapismo al mostrar cómo éste ayuda a la protagonista a conciliarse consigo misma y con su realidad. Esto se observa al analizar cómo Frankelda escribe desde las imposibilidades subjetivas que abundan en su vida: desde el rechazo a sus sueños hasta la imposibilidad de formar vínculos estrechos con otras personas. Al negarse a afrontar estas emociones que surgen de las limitaciones que le impone la sociedad, Frankelda se muestra insegura y trata de compensar sus carencias con fantasías. Sin embargo, cuando acepta la importancia de su realidad en su ficción, reflexiona sobre los miedos que refleja en las páginas de sus cuentos y encuentra una nueva forma de enfrentarlos; obtiene una nueva perspectiva sobre quién es y gana seguridad para afrontar las dificultades que se le presentan. Por lo tanto, esta película muestra que el género fantástico puede funcionar como una herramienta para el autodescubrimiento.
Zyanya Meneses
Fuentes
Boucher, Geoff M. (2024). “The Specificity of Fantasy and the “Affective Novum”: A Theory of a Core Subset of Fantasy Literature”. Literature, 4(2), 101–121. https://doi.org/10.3390/literature4020008.