Estrenada en noviembre de 2025 y concluida en diciembre del mismo año, la serie Plur1bus (leído “pluribus” y proveniente del latín ‘muchos’) consta de nueve episodios y parece que tendrá una segunda temporada. Trata sobre una invasión extraterrestre causada por un código genético proveniente del espacio y desarrollado por seres humanos, esparcido por un error de manejo y posteriormente diseminado por los alienígenas a los que da origen y que ocupan cuerpos antes pertenecientes a humanos. El código provoca que todos los extraterrestres compartan una mente (casi una mente de colmena), de manera que todos tienen los recuerdos de todos los seres humanos y todos están enterados de lo mismo al mismo tiempo. Con la diseminación del código y unión de todas las mentes en una, hay bajas: algunos seres humanos no soportan la invasión y mueren, aunque antes unen sus mentes con las del resto de extraterrestres. Paralelamente, hay personas que son inmunes; nos enteramos de que son 13. Entre los sobrevivientes se encuentra la protagonista —Carol Sturka, escritora de novela rosa fantástica—, y entre las fallecidas, su esposa y editora. Carol busca resistir la invasión y el contacto con los alienígenas. Los extraterrestres no parecen buscar nada especial de los humanos —más allá de sus cuerpos— ni ser particularmente raros, malvados o faltos de emoción…
Vista así, parecería que la serie es un plomo porque lo hemos visto todo antes y que, además, repite ideas ya usadas y quizá gastadas en la ciencia ficción. Sin embargo, lo que hace es acudir a un componente estructural y un funcionamiento clave de la ciencia ficción: el novum y el megatexto, respectivamente. Brevemente, el novum —concepto acuñado por el teórico Darko Suvin— es un elemento absolutamente novedoso que encontramos en los textos ciencia ficcionales; pueden ser artefactos, tipos de personajes, espacios, ideas en general. Para que podamos entender el novum, necesitamos que tenga un anclaje en nuestra realidad consensual, empíricamente verificable, que no sea totalmente ajeno a ella. En general, el novum —novums o nova, en plural— será asombroso y, mediante la estrategia del extrañamiento cognoscitivo —también característica de la ciencia ficción y también teorizada por Darko Suvin— nos hará observar el mundo ficcional para volver al nuestro de forma crítica y profundamente reflexiva. Por su parte, la noción de megatexto, aunque acuñada por la teórica Christine Brooke-Rose, fue popularizada por Damien Broderick, quien la aplicó a la ciencia ficción y la amplió. De forma somera, consiste en que los motivos, temas, tipos de personajes o de ambiente, mundos narrados, etcétera —en buena medida, los novums— son retomados, reconstituidos y entrelazados constantemente por los autores, quienes saben que su audiencia los reconocerá en sus nuevas formas y obtendrá lecturas e interpretaciones más ricas precisamente por ese conocimiento previo.

Así, Plur1bus se alimenta de, por lo menos, los siguientes textos: La invasión de los ladrones de cuerpos, tanto la novela original de Jack Finney como sus cuatro adaptaciones directas posteriores; La estirpe de Lilith, de Octavia E. Butler; Cuando el destino nos alcance (Soylent Green), adaptada del cuento “¡Hagan sitio!” de Harry Harrison. La relación con La invasión de los ladrones de cuerpos es transparente: los organismos extraños que sustituyen a los humanos; en este caso, parecen tener emociones y sólo aprovechar su unidad para economizar recursos. Todos parecen sentir lo mismo y ser capaces de experimentarlo al mismo tiempo; también pueden pensar lo mismo: poseen una mente de colmena. Como comparten experiencia, todos son capaces de hacer todo aquello que incluye el saber humano, desde cocinar hasta pilotar un avión o realizar una operación quirúrgica. La exploración de los efectos de la modificación de los cuerpos, la consecuente esclavitud y su aceptación parecen provenir de La estirpe de Lilith. Si bien en el caso de Plur1bus no se trata de “comercio” genético, pronto es evidente que los invasores no quieren únicamente un lugar para vivir y que son capaces de abusar “suavemente” de los humanos bajo el pretexto de que es necesario incorporarlos a la unidad y que eso es lo mejor para ellos. Pedir su anuencia no es parte del intercambio y, por ello, no podemos más que pensar en que, aunque no haya uso de la fuerza, sí hay una imposición esclavizante. La nutrición de los extraterrestres es un misterio, hasta que deja de serlo y conduce a Cuando el destino nos alcance con tecnología avanzada y vestimenta científica.
Los viejos motivos, el recurso al megatexto, están ahí; los novums engarzados entre sí y renovados, también. Y con ellos, la actualización de los cuestionamientos a las que condujeron antes y que son de nuevo vigentes: los extraterrestres no pueden mentir ni lastimar a ninguna forma de vida, pero no interpretan como una forma de violencia la conversión de los seres humanos; la promesa de la felicidad de hacer uno de todos es una metáfora, pero no sabemos si favorece a los muchos o al uno. El exceso en el uso de los recursos —un supermercado, la iluminación de toda una ciudad, un casino entero o un avión para un solo humano— son contrastados con la frugalidad de los alienígenas, que duermen todos juntos para economizar en calefacción. La atención a cuerpo de reyes de casi todos los seres humanos que sobreviven hace evidente el acaparamiento de bienes y personas, mientras que la vida hipercomunitaria pone en cuestión la posibilidad real de convivir tan cercanamente de forma permanente.
Por último, en los tiempos que corren, no podemos obviar que la frase “E pluribus unum”, ‘de muchos, uno’, forma parte del Gran Sello de Estados Unidos, junto con el águila calva, las flechas, la rama de olivo y el escudo; simboliza la unión en una nación de los trece estados fundadores, de las trece colonias originarias. Podemos suponer, pues, que esta alusión en el título de la serie y en su planteamiento se relaciona con la unión de lo diverso… y de los sobrevivientes, y permite preguntarnos si la siguiente temporada hará alusiones aún más directas a esa nación y con qué textos distópicos establecerá vínculos. Por otra parte, con las conexiones tanto intertextuales como históricas en mente, debemos preguntarnos si los muchos de la serie efectivamente buscan el bienestar de los unos, tal cual lo hicimos con los textos con los que se comunica la serie; o si los unos tienen derecho a buscar la restitución a la individualidad de los muchos o destruirlo todo. Además de proporcionar entretenimiento y un agobiado regocijo, las estrategias de la ciencia ficción cobran sentido cuando se usan de forma eficaz, como en este caso; y, si bien el reconocimiento de las relaciones con textos antecedentes a Plur1bus agrega disfrute, no es necesario conocerlas para observar que aquello que no parece ser innovador resulta en la demostración de que este género sigue siendo capaz de hacernos pensar críticamente en nuestro propio mundo.
Noemí Novell