Parece una noche como cualquier otra en una cafetería de Los Ángeles, pero la aparente normalidad dura muy poco; momentos después, un hombre de aspecto extravagante entra al establecimiento y afirma que viene del futuro. De acuerdo con el monólogo del personaje, llegará un momento de la línea temporal en que la inteligencia artificial tome el control de las sociedades y ejerza un poder tiránico sobre la humanidad. Para detener la posibilidad de este futuro desolador, el hombre regresa una y otra vez a ese momento espaciotemporal en la cafetería para encontrar la combinación correcta de personas que puedan formar un equipo y cambiar el destino que se cierne sobre el mundo. Ésta es la premisa inicial de Good Luck, Have Fun, Don’t Die (Buena suerte, diviértete, no mueras, en México, 2025), película dirigida por Gore Verbinski (Piratas del Caribe) que combina elementos de la ciencia ficción, la comedia y la narrativa de aventuras para proponer una crítica al uso desmedido de la tecnología y a la desensibilizad que provoca la creciente automatización de las sociedades.
Como producto inscrito dentro la cultura popular, la película de Verbinski se puede catalogar dentro de varios grupos según los temas y estilos que referencia. Por un lado, la reflexión que propone la cinta corresponde a la tendencia creciente de productos que critican los efectos del avance tecnológico desmesurado, tales como The Mitchells vs. theMachines (Los Mitchell contra las máquinas, 2021) o la serie Black Mirror (2011-), por mencionar algunos casos. Desde otra perspectiva, a lo largo de Good Luck… se pueden identificar recursos de filmes precedentes: la trama futurista de Terminator (El exterminador, 1984), las expresiones del caos de Everything Everywhere All at Once (Todo, en todas partes, al mismo tiempo, 2022) o el estilo de comedia de Shaun of the Dead (El desesperar de los muertos, 2004). Así, el trabajo de Verbinski bien podría pensarse como un “mosaico de ‘grandes éxitos’ de la ciencia ficción contemporánea más ingeniosa” (Didyme-Dôme). Sin embargo, si ése es el caso, dentro de esta plétora de correspondencias icónicas y combinaciones de fundamentos previos, ¿qué se puede analizar en esta película? De acuerdo con mi lectura, uno de elementos que vale la pena observar a detalle es, precisamente, la forma de representar la crítica a los abusos de la tecnología: absurda, desmedida y descaradamente evidente.
Volviendo a la escena inicial de la cinta, la aparición del hombre del futuro no sólo rompe el hastío cotidiano de los visitantes de la cafetería a nivel textual, sino que, además, establece el punto de referencia para entender el tono de la película a nivel extradiegético; a partir de esta irrupción, la extravagancia va siempre in crescendo. La transgresión exagerada de la normalidad y la extrañeza continua se vuelven, entonces, las formas predilectas de Good Luck… para llamar la atención de una sociedad adormecida por la monotonía cíclica de las pantallas. Las situaciones absurdas enfatizan las inminentes consecuencias del totalitarismo tecnológico y la ruptura constante de los límites de lo viable lleva al espectador a aceptar resoluciones que dejan de parecer tan descabelladas dentro de las posibilidades del largometraje. Como ejemplos concretos del tipo de problemas que los personajes enfrentan, a Susan (Juno Temple), una de las protagonistas, se le ofrece la posibilidad de recuperar a su hijo —asesinado en un tiroteo escolar— por medio de un clon que, aunque físicamente idéntico, está programado para decir un anuncio publicitario cada 24 horas; Ingrid (Haley Lu Richardson) tiene una alergia a los dispositivos electrónicos y al Wi-Fi que le provoca hemorragias en la nariz, y, para todo el equipo que se forma en el establecimiento, una de las amenazas a vencer es la horda de adolescentes zombi que, controlados por las indicaciones en sus celulares, buscan acabar con los protagonistas. Aunado a estas situaciones, elementos como jirafas con cabeza de gato, producto de la IA, y niños superdotados que sobreviven con una alimentación a base de Cheetos se complementan para transmitir un mensaje de advertencia que, con todo lo excesivo que puede resultar, queda más que claro: dejar que la tecnología tome el control de nuestras vidas no sólo nos lleva al desenfreno, sino que nos despoja de nuestra humanidad por completo.
Ahora bien, el absurdo que desarrolla la película funciona como arma de doble filo para los fines que pretende. Como ya expliqué, resulta efectivo para evidenciar las consecuencias más dañinas del abuso tecnológico y explorar las posibilidades más extremas del mismo. Sin embargo, este método de desarrollar la trama llega a sentirse, en ocasiones, como una acumulación de afirmaciones de críticas que no llevan a ningún lado y cuyo efecto es simplemente el de externar una queja. En estas secciones, las subtramas del equipo-salvador-de-la-humanidad se acumulan unas sobre otras y se sienten incorporadas simplemente con el afán de contribuir al mismo mensaje sin que su posición individual dentro de la película afecte de algún modo significativo el desarrollo de la trama. Los recursos del absurdo y de la hipérbole, que funcionan muy bien para hacer memorables ciertas secuencias y obligar al espectador a recordar la reflexión que la película presenta, también llega a ser una exageración fastidiosa e insistente de situaciones pesimistas que obvia las sutilezas de los elementos individuales para favorecer la transmisión de una idea global.
A modo de cierre, queda reflexionar en torno a la resolución de la película. Sin entrar en detalles respecto a cómo se soluciona la trama, es posible nombrar algunas cuestiones que aparecen como reflexión a partir del acto final. Así pues, considerando la propuesta de la película respecto a lo irremediable de los efectos negativos que la automatización tiene en nuestras sociedades, ¿sería posible una solución mediadora entre nuestro uso de la tecnología y el poder que le cedemos? ¿O acaso la única respuesta es un cambio radical en nuestra forma de vivir que nos aleje por completo de aquello que, aparentemente, sólo nos daña? ¿Es acaso Good Luck, Have Fun, Don’t Die una ingeniosa llamada de atención respecto al desarrollo desmedido, o una queja exagerada y sin sentido de una generación que, como siempre ha pasado, resiente el cambio y la innovación?
Referencias
Didyme-Dôme, André. (2026, 23 de abril). “Crítica: Buena suerte, diviértete, no mueras (Good Luck, Have Fun, Don’t Die)”. Rolling Stone en Español. https://es.rollingstone.com/critica-buena-suerte-diviertete-no-mueras-good-luck-have-fun-dont-die/