Millie y Tim son una pareja que se acaba de mudar de la gran ciudad a un pueblo pequeño, y aunque han dejado atrás muchas cosas, sí se han llevado consigo los traumas familiares de su pasado, la incertidumbre de sus trayectorias profesionales y, sobre todo, las dudas sobre el futuro de su relación. Después de un paseo fallido en el bosque que rodea su nueva casa, la pareja comienza a experimentar eventos sobrenaturales perturbadores y una necesidad incontrolable de estar cerca uno del otro, tan cerca como sea posible. Ésta es la premisa de Together: juntos hasta la muerte (Together, 2025), la película de Michael Shanks que explora las relaciones afectivas y la dependencia emocional a través del lente del suspenso y el body horror.
En particular, la cinta utiliza el horror corporal como recurso para enfatizar el aspecto corpóreo de conflictos que generalmente se abordan como primordialmente emocionales dentro de la vida en pareja. Así, la codependencia de Millie y Tim pasa de ser expresada mediante gestos compungidos y silencios incómodos a hacerse presente como una necesidad física y un deseo de compartir el espacio entre la piel y los huesos del otro. La incertidumbre de una relación que no se deciden a terminar se traduce en una afrenta a la integridad corporal de los protagonistas, y la tensión del filme recae en la dualidad entre conservar la individualidad y dejarse llevar por el deseo, carnal, doloroso y grotesco, de estar con alguien cuyo amor siempre es incierto.

Si bien el horror corporal no es un género nuevo en el ámbito cinematográfico, sí ha ganado popularidad en años recientes con estrenos como Titane (2021) y La sustancia (2024), cintas que no sólo han sido reconocidas por el público en general sino también por la crítica especializada. En comparación con estas películas, en las que el mundo diegético resulta tan extraño y excesivo como los caminos que recorren sus protagonistas, Together opta por un contexto mucho más ordinario y una exploración hasta cierto punto limitada del horror que surge al probar los límites del cuerpo. El pueblo al que se mudan Millie y Tim oculta sus secretos oscuros bajo una fachada de tranquilidad y buenos vecinos, algunas de las escenas que pudieran resultar más sangrientas quedan fuera de plano y, sobre todo, el drama emocional de la pareja ocupa tanto protagonismo y tiempo en pantalla como el horror en sí mismo.
En este sentido, es posible que parte de la audiencia —aquellos afectos a las representaciones más explícitas y gore del terror, por ejemplo— llegue a percibir Together como una película de horror corporal que no llega tan lejos como podría o cuya premisa abarca mucho más de lo que realmente despliega. Sin embargo, desde mi perspectiva, la atmósfera emocional aporta significativamente al atractivo de la cinta y a la identificación que el público puede tener con los personajes. La idea de la pareja heterosexual, millennial, que no sabe muy bien qué hacer de la vida, y en la que ni él y ni ella parecen capaces de existir sin la compañía —muchas veces inútil y estorbosa— del otro no es lejana a lo que muchos de nosotros vemos todos los días. Además, el hecho de que los protagonistas estén interpretados por Allison Brie y Dave Franco, quienes son pareja en la vida real y cuya química es más que evidente, realza la verosimilitud de los problemas físicos y emocionales a los que Millie y Tim se enfrentan a lo largo de la película.
Ahora bien, la obra de Shanks no está libre de clichés y situaciones convenientes para hacer que la trama avance. El cambio de la gran ciudad al pueblo pequeño que esconde un secreto macabro es posiblemente uno de los ejemplos más claros de esto. También en este sentido, las pistas que se van presentando para que los protagonistas descubran qué les sucede a sus cuerpos aparecen casi sin buscarlas y en los momentos exactos para que la historia se desarrolle de manera específica. Además, elementos como los traumas infantiles de Tim y la relevancia de ciertos personajes secundarios quedan como cabos sueltos más que ser aportaciones relevantes para el desenlace. Debido a esto, la película llega a parecer, en momentos, un cúmulo de situaciones que, si bien resultan más o menos predecibles, no queda del todo claro a donde pretenden llegar.
Con todo y sus inconsistencias, la ópera prima de Shanks resulta una obra sugestiva en su forma de utilizar el horror corporal y aprovechar las cualidades, tanto diegéticas como fuera de la pantalla, de sus protagonistas. Volviendo a la cuestión del horror corporal, el hecho de que este elemento se explore a partir de una relación amorosa le aporta necesariamente un nivel de erotismo y sensualidad grotesca que se acopla muy bien con el aspecto emocional que desarrolla la película. Cuestiones como el volverse uno mismo con la persona que se ama y habitar el cuerpo de la pareja aparecen como posibilidades reales dentro de la cinta. En concordancia con esto, las interpretaciones de Brie y Franco resaltan favorablemente en su forma de transmitir una atmósfera de indecisión y decadencia que envuelve, atrapa y, al mismo tiempo, genera lástima por los personajes.
Finalmente, es necesario reconocer que las reacciones afectivas que provoca el body horror son tan sugerentes como la exploración de los límites del cuerpo en sí misma. Desde risas nerviosas y gestos de asco, hasta reflejos nauseosos y la necesidad de apartar la mirada, el horror corporal provoca en el espectador una respuesta física que funciona como espejo de lo que sucede en la pantalla. La capacidad de este género para ir de lo absurdo a lo grotesco, lo visceral, lo perturbador, y en ocasiones incluso para rozar lo cómico, lo vuelven un medio para expandir las posibilidades al tratar temas como el conflicto de pareja y la codependencia emocional. Diría que el efecto del body horror en Together es llevar a pensar una de dos cosas: nunca voy a volver a tener pareja, o bien, quiero estar con alguien que me ame —o por lo menos me desee— tanto como para hacer lo que Millie y Tim.
Dámaris Cornish Sánchez