En 2021 Scott Derrickson dirigió El teléfono negro, adaptación del cuento “The Black Phone”, de Joe Hill. La película relata la historia de The Grabber (Ethan Hawke), un secuestrador y asesino de niños que merodea un suburbio de Denver, Colorado. Después de ser capturado y encerrado en el sótano del asesino, Finn Shaw, interpretado por Mason Thames, comienza a recibir llamadas de las víctimas anteriores de The Grabber desde un teléfono que se encuentra en la habitación. Al mismo tiempo, su hermana, Gwen Shaw (Madeleine McGraw) tiene visiones que revelan la verdadera identidad y el paradero del asesino.

Teléfono negro 2 es la continuación de esta historia, después de que Finn asesinara a The Grabber. Ethan Hawke, regresa como el antagonista de la película, pero en esta ocasión el personaje ya no tiene cuerpo (ni un rostro reconocible más allá de su característica máscara) porque, al ser un fantasma, únicamente puede habitar el espacio de los sueños y los espíritus. Además, el centro de la historia ahora es Gwen, quien se convierte en un tipo de final girl, muy similar a personajes como Nancy Thompson de A Nightmare on Elm Street (1986). Así como Freddy Krueger, The Grabber, ahora un espíritu que habita un espacio que se mezcla a veces con la realidad de los protagonistas, viene a cobrar venganza por su muerte y la de su hermano a manos de los hermanos Shaw. De esta manera, el asesino en serie pasa de ser un hombre de carne y hueso a ser un espíritu monstruoso que acecha a sus antiguas víctimas con mucha más facilidad que en el mundo material.
Desde la primera película, los elementos sobrenaturales son cruciales para la construcción del terror; sin embargo, parte de ésta también recae de manera importante en elementos realistas, principalmente en la caracterización del asesino en serie y la representación del secuestro de Finn. Por su parte, la secuela hace especial énfasis en temáticas como la adivinación y los sueños como partes relevantes de la trama. Un ejemplo claro de esto es que Gwen se enfrenta al asesino en el espacio de los sueños, donde también ella tiene influencia y posibilidad de pelear.
En este sentido, tanto la caracterización del personaje de Hawke como el cambio de protagonista muestran los cambios en cómo el director construye la figura del asesino como monstruoso y la agencia de víctimas. Por un lado, no mostrar el rostro del afamado actor en esta nueva entrega revela una decisión deliberada; al no mostrar la cara de Ethan Hawke se da pie a que The Grabber, el monstruo, sea el único que ocupe la pantalla. Por otro lado, hacer que Gwen protagonice la historia, y no su hermano, permite yuxtaponer las diferentes representaciones y caracterizaciones de las víctimas. Si bien ambos tienen agencia mientras sufren (corporal, emocional y psicológicamente) los crímenes de The Grabber, hay un cambio en cuanto a los lugares desde donde se ejerce. En la secuela, la protagonista no lucha sólo desde la mente y los sueños (como lo hizo desde la primera película), sino también desde lo corporal. En esta misma línea, la película también explora las respuestas de los personajes ante la vivencia de eventos violentos. Los dos personajes masculinos con mayor presencia (Finn y su padre) lidian con las consecuencias de experiencias afectivas negativas por medio de la violencia y el uso de sustancias. Gwen enfrenta las problemáticas con acciones: desde pedirle a Finn que hable y que la escuche hasta pelear con el asesino. Esta representación implica también una exploración de los personajes masculinos que llama la atención sobre la falta de espacios (y de disposición) que tienen estos dos personajes para expresar sus sentimientos y una agencia especial del personaje femenino al tener la posibilidad de mostrarse vulnerable si así lo desea.
Sin embargo, esta exploración profunda de los personajes y sus respuestas no se da en todos los casos, lo que provoca que personajes que intentan presentarse como complejos no tengan importancia a nivel temático. La mayoría de los personajes secundarios, en particular Ernesto, se revelan como planos aunque se hace un intento por darles profundidad. La película establece a Ernesto como relevante; tanto por ser el hermano de Robin (una de las víctimas de The Grabber y amigo de Finney que también ayuda al protagonista), así como por ser el interés amoroso de Gwen. Sin embargo, el personaje no atraviesa ningún tipo de desarrollo, y la conclusión a la que se llega parece ser una alineación con la convención de una historia de amor sin implicar nada ni para él ni para la protagonista.
Uno de los rasgos más destacables de la película es que es una historia familiar. En otras palabras, muestra las afectaciones que trae consigo la violencia no sólo desde el individuo, sino también desde la unidad básica social. Ya no sólo son los hermanos perseguidos por el monstruo, sino que ahora se explora con el pasado y sus eventos para plantear el tema de la justicia y venganza generacional. The Grabber tiene una conexión directa con toda la familia Shaw, por lo que el asesino ya no acecha únicamente lo social, sino que ahora tiene un impacto particular en la intimidad y la historia familiar de los personajes. Así, Teléfono negro 2 se posiciona como una propuesta nueva para el slasher. Mientras que retoma elementos de figuras tan importantes como Freddy Krueger, explora problemas como la representación de masculinidades y sus respuestas afectivas en situaciones de violencia, lo que revela un interés por explorar narrativas clásicas desde una perspectiva contemporánea.
Amanda Monroy