La adolescencia es un periodo de la vida en el que las ilusiones infantiles entran en conflicto con la compleja realidad del mundo adulto. Los valores y las expectativas adquiridas durante la niñez por medio del entorno se ven resquebrajadas, por lo que la adolescencia pasa a ser un momento de búsqueda y encuentro con una identidad personal. Una parte importante de las creencias infantiles están cimentadas en los cuentos de hadas, que, por su popularidad, se han instaurado como prácticas culturales discursivas cuyos temas, tópicos y estereotipos casi se han asumido como realidades naturales de la condición humana (Zipes, 1991: 2). En Utena, la chica revolucionaria (Shoujo Kakumei Utena, 1997), algunos de estos estereotipos —en particular las figuras del príncipe, la damisela en peligro y la bruja— se ven subvertidos de forma que su papel en la trama es muy distinto de lo que la audiencia puede esperar en un cuento de hadas o en una historia de amor tradicionales. Por medio de la protagonista, Utena Tenjou, que se caracteriza a sí misma como un príncipe y no como una princesa, el anime cuestiona la naturalidad de los roles de género representados en cuentos de hadas tradicionales con el fin de desarticular la idea del género sexual como un atributo fijo y establecido, y lo presenta como un elemento flexible que se construye en el quehacer cotidiano.
Conformado por 39 capítulos, divididos en cuatro arcos, el anime narra la historia de Utena Tenjou, una adolescente que perdió a sus padres cuando era niña, lo cual la sumió en una profunda depresión hasta que conoce a un joven príncipe que besa sus lágrimas y la reconforta entregándole un anillo con la promesa de que aquel objeto los reunirá de nuevo. Con esa promesa en mente, decide que ella misma será un príncipe de valores nobles que rescatará a otras damiselas en peligro. Así, llega a la academia Ohtori donde, usando el uniforme de los chicos, debe batirse a duelo de esgrima contra los representantes del consejo estudiantil para proteger a Anthy Himemiya, otra estudiante que es tratada como objeto y posesión de aquél que gane los duelos. Con la convicción de que Anthy debe ser libre, Utena se dispone a derrotar a cualquier personaje que tenga el deseo de poseerla.
En la diégesis del anime, nada es lo que parece y cada elemento textual tiene diferentes capas de lectura. Por medio de Utena, la obra busca desestabilizar la idea del género como una categoría inalterable y plasmarla como un elemento performativo (Butler, 1990: 19), por lo que nos presenta un personaje queer femenino, con expresión de género masculina, que se niega a obedecer los mandatos que le exige una sociedad patriarcal. Ella rechaza la idea de ser una princesa que dependa de que alguien más la rescate, al mismo tiempo que se vuelve consciente de que ser un príncipe, desde la lógica patriarcal, también exige establecer una relación de poder asimétrica con otra persona: la damisela en peligro. Por ello, la protagonista debe cuestionar toda una serie de creencias impuestas desde la heteronormatividad sobre su propio deseo —que termina por no ser heterosexual, sino sáfico—y sobre lo que representa ser mujer u hombre. El principal reto vendrá a partir de su enfrentamiento con Akio, el príncipe que la rescató al inicio de la trama, que también es director de la academia, hermano de Anthy y el principal antagonista de la serie.
Como director, Akio representa la masculinidad hegemónica que utiliza su poder, experiencia e influencias para establecer relaciones de dominación y subordinación con cada uno de los personajes, especialmente con su hermana, a la que explota emocional y sexualmente. Por medio de su carisma y atractivo, los manipula y los coacciona para que cumplan su voluntad y así él poder recuperar sus antiguos poderes, sin importarle lo mucho que pueda lastimar a las personas que están a su alrededor. Como adulto, Akio entiende en gran medida las ilusiones infantiles, todavía presentes en la adolescencia, como el anhelo por lo eterno, los milagros y la idealización de los personajes de los cuentos de hadas, y las utiliza para engañarlos con espejismos, tanto literales como metafóricos. Se trata de un abusador, en toda la extensión de la palabra, que ejerce diferentes tipos de violencia para mantener un estado de control y privilegio que con cada momento se debilita más.
En medio de Utena y Akio está Anthy, representación simbólica de la damisela en peligro y de la bruja de los cuentos de hadas. Al inicio de la serie, ella es la mujer que necesita ser rescatada; es un personaje pasivo y nulificado por la figura patriarcal del príncipe, sin personalidad definida más allá de lo que sus “dueños” le van dictando. Al mismo tiempo, como el príncipe está representado en su hermano, ella no puede poseerlo; no puede ser su princesa, por lo que adopta la figura de la bruja, pues en los cuentos de hadas está muy marcado que la mujer que no puede ser princesa no tiene más alternativa que pasar a ser una bruja. A medida que transcurren los episodios, Anthy se vuelve consciente de que, aunque cumpla con los roles que le han sido asignados, en realidad se siente vacía e infeliz viviendo de esa manera, por lo que cuestiona los métodos de su hermano y descubre que prefiere estar junto a Utena, que su deseo está ligado a ella.
De esta manera, el texto busca que la audiencia comprenda que tanto el género como los roles que se le han asignado socialmente no son más que constructos; al final, el género es un elemento flexible en la identidad de las personas que se construye y reconstruye todos los días. Mientras Akio le muestra a la audiencia todo el daño que ocasiona el patriarcado por medio de sus figuras hegemónicas, Utena y Anthy nos muestran un camino de autoexploración y autoconocimiento que nos lleva a la revolución de identidades libres e independientes que buscan ser ellas mismas, sin obedecer las expectativas que el resto de los personajes tiene sobre ellas. Ambas nos invitan a ser, a cuestionar qué tanto de lo que somos es impuesto y qué tanto lo hemos elegido; así nos descubrimos desde lo cotidiano, sin prejuicios, sólo con una curiosidad genuina por seguir explorando quiénes somos.
Referencias
Butler, Judith. (1990). Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. Routledge.
Zipes, Jack. (1991). Fairy Tales and the Art of Subversion: The Classical Genre for Children and the Process of Civilization. Routledge.